Planificar la pospandemia: lecciones desde el otro lado del Atlántico

27 de julio de 2020

El Covid-19 está causando una contracción profunda y sincronizada en la economía global. En la Argentina, las consecuencias económicas y sociales son mucho peores.

Prácticamente nadie se salva, incluso (y en particular) las naciones más avanzadas del mundo se verán severamente dañadas. En su último informe de perspectivas de la economía mundial (publicado en junio bajo un título que adelanta mucho: “Una crisis como ninguna otra, una recuperación incierta”), el FMI prevé que la Eurozona, sufrirá en 2020 una contracción del PIB en torno al 10,2%, lo que representa una caída sin precedentes para la región (en la crisis del 2009 el PBI de la Unión Europea -UE- cayó un 4,5%, menos de la mitad de lo pronosticado para 2020). Los países europeos más afectados a nivel sanitario, España e Italia, son también los que se verán más dañados en términos económicos, ya que el PBI de ambos caería un 12,8%. Cerca se ubica Francia con una caída proyectada del 12,5%. En tanto, la contracción de Alemania sería algo menor, del 7,8%.

En el marco de estos pronósticos tan pesimistas es que la Unión Europea (UE) acaba de acordar la semana pasada un plan histórico para la recuperación pospandemia. En los meses previos y durante el transcurso de las negociaciones, en el viejo continente hubo muchas voces críticas ante la ausencia de una respuesta conjunta y coordinada frente a la crisis. Las negociaciones entre la canciller alemana, Ángela Merkel; la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; el presidente francés, Emmanuel Macron, el primer ministro holandés, Mark Rutte (que alcanzó un protagonismo inesperado) y el resto de los líderes europeos fueron arduas y más extensas de lo que hubiese resultado deseable. Ante la virtual paralización, muchos escépticos comenzaron a dudar de los mecanismos institucionales que existen en el bloque para dar respuesta a una crisis de semejante tamaño. Con el antecedente cercano del Brexit, el Covid-19 ponía nuevamente en cuestionamientos la cohesión del bloque, que parecía no estar a la altura de los desafíos actuales.

Sin embargo, gran parte de las dudas se despejaron cuando el martes pasado a las 05:31 el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, escribió en Twitter una palabra: “Acuerdo”. Por apenas 25 minutos, no fue la cumbre más larga de la historia de la ?UE, lo que da cuenta de la complejidad de las negociaciones. Se acordó conformar un fondo de emergencia de 750 mil millones de euros repartidos del siguiente modo: 390 mil millones en subvenciones y 360 mil millones en préstamos a tasas preferenciales. El 70% del dinero aparecerá entre 2021 y 2022 y el 30% restante en 2023. El financiamiento se obtendrá de bonos colocados a nombre de la UE, en contrapartida los países miembros darán reembolsos al presupuesto comunitario (Alemania contribuye con la mayor parte). Se trata de la primera vez en su historia que la Comisión Europea coloca deuda en los mercados financieros.

La suma acordada implica el equivalente al 4,6% del PBI europeo de 2019 y el paquete de asistencia ayudará especialmente a Italia, España y Polonia. Italia, según adelantó el primer ministro Giuseppe Conte, obtendrá 209.000 millones de euros. En tanto que España recibiría unos 140.000 millones. Además, casi un tercio de los fondos estará destinado a combatir el cambio climático impulsando proyectos amigables con el medio ambiente, lo cual marca que incluso planes de emergencia como este también pueden servir para comenzar a diagramar la economía del futuro a largo plazo.

Al margen del resto de los detalles que hacen a este acuerdo, lo sucedido nos deja un llamado de atención: es preciso comenzar a proyectar la pospandemia. En la Argentina, las consecuencias económicas y sociales son mucho peores, debido a que el país no solo sufre los efectos de esta crisis, sino que arrastra también dos años consecutivos de recesión.

El Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) que elabora el BCRA pronosticó en junio que el PBI caería un 12% en 2020 (las proyecciones de julio que se conocerán en unos días probablemente pronostiquen una mayor caída). Como resultado, la pobreza y el desempleo aumentaran a niveles dramáticos. Por su parte, las inconsistencias fiscales también se están profundizando. Por la fuerte suba del gasto público, el déficit acumulado únicamente en el primer semestre del año ya representa el 3,3% del PBI. Para financiarlo, el Banco Central imprime billetes las 24 horas del día, los 7 días a la semana, y ni así llega a cubrir las necesidades del Tesoro (el Gobierno debió lanzar una licitación por 250 millones de unidades de billetes de 500 pesos). En tanto, en junio la inflación fue del 2,2%, un número demasiado alto teniendo en cuenta la paralización de la economía. Pareciera ser que, independientemente de cuál sea el nivel de actividad, la inflación estructural en la Argentina tiene un piso del 25% anual. A futuro, la emisión monetaria récord podría generar una presión mayor sobre los precios y convertirse en una verdadera bomba de tiempo si no se la controla con un plan consistente y acorde al riesgo implicado.

Mientras la economía muestra estos datos preocupantes y la renegociación de la deuda se sigue haciendo desear, el presidente Alberto Fernández aseguró al Financial Times que no cree en los planes económicos. La falta de planificación en la Argentina (y peor aún el descreimiento hacia esta) es alarmante. Es falsa la creencia de que debemos esperar a que se supere la crisis sanitaria para diagramar la salida a la crisis económica.

La realidad es que el esfuerzo de planificación se trata precisamente de lo contrario: anticiparse y proyectar a futuro para comenzar a resolver tempranamente los problemas que ya sabemos que tenemos y otros que ya sabemos que inevitablemente aparecerán. Los rebrotes en Europa (principalmente en España, Francia y el Reino Unido, pero también en Alemania, Italia y Bélgica) también generan preocupación en términos médicos, pero eso no les ha impedido arribar a un acuerdo histórico de reactivación poscoronavirus.

Alcanzar un plan como el que acaba de anunciar la UE es de una dificultad mayúscula, y exige no solamente una visión técnica, sino también un alto grado de compromiso y respeto mutuo entre los acordantes. Si la UE pudo discutir y arribar a un acuerdo sentando a la mesa de negociaciones a veintisiete Estados distintos, con realidades disimiles y gobernados por líderes de ideologías diversas, ¿no podemos también nosotros, como argentinos, acordar un plan consistente y duradero que nos sirva para reconstruir nuestra economía y sentar las bases para retornar a la senda del crecimiento? Un programa de estas características debe ser concertado de manera amplia, entre todas las fuerzas políticas del país, pero incluir también a otros sectores de la economía y la sociedad civil. ¿En qué quedó el acuerdo social al que llamaría Alberto Fernández para establecer políticas de mediano y largo plazo?

La semana pasada representantes sindicales y empresarios preocupados por la crisis se reunieron entre ellos. Esto es en parte una buena noticia, ya que da cuenta de la conciencia que existe en el mundo del trabajo de que la reconstrucción dependerá del establecimiento de acuerdos amplios. Sin embargo, es también un mal síntoma, ya que el Estado, el tercer actor fundamental del entramado económico, brilla por su ausencia en la mesa de dialogo.

La situación que enfrentamos es excepcional, pero de los laberintos también es posible salir por arriba. La recuperación requerirá de un plan económico que estimule fuertemente la inversión corrigiendo paulatinamente los desajustes de la macroeconomía. Lamentablemente por el momento no estamos ni siquiera en el punto de partida, porque el presidente afirma no creer en los planes económicos. El debate de la UE, arduo y extenso pero exitoso, nos muestra que las instituciones democráticas e instancias de negociación deben servirnos para planificar la pospandemia. Solo un proyecto integral, que tenga una visión de mediano y largo plazo, y cuente con un compromiso político amplio, nos permitirá salir de este laberinto.

Fuente: https://tn.com.ar/opinion/planificar-la-pospandemia-lecciones-desde-el-otro-lado-del-atlantico_1098460

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