Las iniciativas que impulsa Alberto Fernández sugieren una identidad novedosa pero potencialmente conflictiva

18 de noviembre de 2019

La legalización del aborto podría generar tensión con los gobernadores del norte. Las similitudes de su modelo con la socialdemocracia europea de los ’90.

Desde el 27 de octubre a esta parte Alberto Fernández viene estableciendo de forma paulatina un conjunto de credenciales que definen un liderazgo con atributos innovadores. Entre ellas se destacan: el posicionamiento a sí mismo en el ala progresista en términos regionales, la promesa de enviar al parlamento un proyecto para legalizar (o al menos despenalizar) el aborto, el lanzamiento de una iniciativa para luchar contra el hambre y la ratificación, en conjunción con la reciente declaración del Papa Francisco, de sus críticas al denominado lawfare, particularmente a la cuestión de las prisiones preventivas.

Mirado en perspectiva y teniendo en cuenta que aún no asumió la presidencia, lo que nos obliga a ser muy prudentes, Fernández pareciera estar insinuando que pretende desplegar una serie de políticas muy similares a las de la socialdemocracia europea de la década del ’90, incluyendo ciertas ambigüedades que las caracterizaron históricamente. Por ejemplo un claro compromiso con el estado derecho y las instituciones en términos domésticos, pero un fuerte apoyo a movimientos insurgentes en otras latitudes, como ocurrió con el zapatismo del subcomandante Marcos o la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) de Yasser Arafat. En este sentido no debiera sorprender el contundente respaldo a Evo Morales o su acercamiento a Rafael Correa.

Es importante recordar que en todos los casos en los que gobernaron los partidos socialdemócratas europeos consolidaron modelos económicos capitalistas. Obviamente que dada su ideología y apoyos electorales trataron de implementar políticas orientadas a mejorar la distribución del ingreso y de la riqueza. Pero en muchos casos fueron incluso los que profundizaron reformas pro mercado, incluyendo la desregulación y la privatización de algunos sectores de la economía. Más aún: en algunos casos, como la Alemania de Gerhard Schroeder, fueron gobiernos socialdemócratas los que modificaron la legislación laboral preexistente a los efectos de incentivar el empleo en un contexto de cambio tecnológico y competencia global.

Algo similar ocurrió con los partidos de corte socialdemócrata que gobernaron en la región, como es el caso tanto de la Concertación en Chile (más tarde rebautizada Nueva Mayoría), como del Frente Amplio en Uruguay. Se trata no sólo de países que consolidaron modelos económicos pro mercado, con evidentes diferencias entre ellos (Chile mucho más abierto que Uruguay y con menor carga tributaria, por ejemplo), sino que se caracterizaron por su estabilidad macroeconómica. Más aún, cuando enfrentó una situación de iliquidez por el impacto del colapso de la Argentina a finales del 2001 Uruguay prefirió una negociación muy amigable con los acreedores, que se convirtió a la sazón en un ejemplo para otros países. Tal es así que hasta el propio Fernández declaró hace un tiempo que la Argentina debería seguir esos pasos. Y si bien es cierto que en esos años Uruguay estaba gobernado por el Partido Colorado lo cierto es que el Frente Amplio tuvo siempre una posición muy responsable y honró los compromisos asumidos.

¿Quiere decir esto que el próximo presidente de la Argentina buscará una combinación similares de atributos al menos en la primera etapa de su mandato? Hasta que no conozcamos los nombres de su equipo económico y los lineamientos generales de su estrategia conviene no aventurar juicios de valor. Pero es cierto que en la conversaciones que viene manteniendo con distintos referentes del sector privado, tanto del país como del exterior, tanto Fernández como sus colaboradores trataron de enviar señales de moderación y de sensatez. Esto aplica no sólo, pero fundamentalmente, al sector energético, particularmente a Vaca Muerta. Asimismo la Unión Industrial Argentina (UIA) y otros segmentos de las empresas pequeñas y medianas demostraron en estos meses mucha más sintonía con el Frente de Todos de la que tuvieron durante cuatro años con Cambiemos. Finalmente el esmero que puso el presidente electo para seducir a la CGT y a los movimientos sociales sugiere que tendrá al menos alguna capacidad de moderar los reclamos salariales y los excesos de gasto público (al menos más de la que en efecto tuvieron Mauricio Macri y su equipo).

Ahora bien, esto puede generar tensiones entre los sectores más radicalizados del FDT. Tal vez no sean lo suficientemente significativas como para generar rupturas que comprometa el balance de poder en el Congreso pero se trata de un terreno complicado para Fernández, cuya coalición electoral es muy heterogénea, y que generó fuertes expectativas de mejora en términos materiales justamente entre sus votantes. Es posible que haya una cierta sensación de alivio en los primeros meses de gestión, fruto de una política monetaria y fiscal más laxa de la que implementó Macri desde el segundo acuerdo con el FMI hace algo más de un año. ¿Podrá surgir en el próximo período un nuevo «Grupo de los ocho», como ocurrió durante el menemismo cuando Carlos «Chacho» Álvarez lideró esa primera revuelta interna contra el giro a la derecha que había experimentado ese gobierno? En este caso los elementos progresistas de la agenda que viene insinuando Fernández podrían tener un efecto disuasivo. No se trataría de un giro completo hacia la derecha, como el que imprimió Carlos Menem a su gestión, sino que se limitaría a una política pragmática en materia económica combinada con claros ejes de corte progresista.

Sin embargo estos últimos podrían también generarle otros problemas al próximo presidente, puesto que una buena parte del voto peronista tradicional no está en absoluto identificado con esos valores. Esto aplica, por ejemplo, a la cuestión del aborto. ¿Cómo reaccionarán los gobernadores del norte del país, la zona sin duda más conservadora en términos valóricos, frente a esta iniciativa? Por otro lado, ¿cuál será al respecto la posición del recientemente creado Consejo del Diálogo Interreligioso, que se dispone a sumarse al pacto social que impulsaría Fernández?

La naturaleza de la transición le permite al presidente electo mantener e incluso aumentar las señales ambiguas que fueron tan usadas durante la campaña y que el peronismo maneja con peculiar destreza. Pero dentro de apenas tres semanas llegará la hora de la verdad: todas las decisiones tendrán consecuencias rápidas y evidentes, a diferencia de la laxitud que permite esta particular etapa post electoral. Dentro y fuera de la Argentina se espera con ansiedad el inicio del nuevo gobierno. Hasta ahora las más variadas especulaciones dejaron más preguntas que respuestas mientras que el país, congelado en una artificial estabilidad cambiaria, vio como colapsaron tanto los bonos soberanos como el valor de las principales empresas. A partir del 10 de diciembre sólo importará lo que intente hacer el próximo gobierno. Una próxima realidad sobre la que hasta ahora sabemos demasiado poco.

Fuente: https://tn.com.ar/opinion/las-iniciativas-que-impulsa-alberto-fernandez-sugieren-una-identidad-novedosa-pero-potencialmente_1011362

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