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U.S. President-elect Donald Trump speaks at his election night rally in Manhattan, New York, U.S., November 9, 2016. REUTERS/Carlo Allegri     TPX IMAGES OF THE DAY

La victoria de los perdedores. Por Sergio Berensztein

10 noviembre, 2016
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10 de noviembre de 2016. Por Sergio Berensztein para La Gaceta.

Para una buena parte de los votantes del interior profundo del país, el sueño americano terminó hace muchos años. Las familias de clase media y media baja, que entre las décadas de los ’50 y los ’80 llegaron a tener un muy buen pasar (casa propia, dos autos, vacaciones y tiempo libre para pescar o ir de shopping o de caza), hoy se sienten fuera del sistema, están inmersas en una profunda frustración. El proceso de globalización implicó un golpe de gracia a las aspiraciones de los chacareros y trabajadores industriales del viejo paradigma capitalista: sus trabajos fueron exportados a México, China, India, Guatemala o Vietnam… un conjunto de países remotos (emergentes para el léxico financiero), que capitalizaron estos cambios en la matriz económica tradicional que este país había desarrollado desde la segunda posguerra. Ese cúmulo de votantes disconformes constituye una de las principales razones por la cual Donald Trump, contra todos los pronósticos, acaba de consagrarse como el presidente número 45 de los Estados Unidos. Justamente él, un millonario de Nueva York, capital mundial del establishment, se benefició del descontento social… contra el establishment.

“Make America Great Again”. Un eslogan que entusiasmó a esta generación bisagra, que debe buscar trabajos en cadenas de comidas rápidas o en grandes supermercados sabiendo que tener empleo ya no significa necesariamente participar de la clase media: el título secundario ya no alcanza para evitar el empobrecimiento. Esta misma generación que visualiza cómo se polariza su propia realidad con la de los sectores que lograron completar los estudios universitarios, que tienen conocimientos de idiomas y que, como consecuencia, están mejor insertos en la economía global. El sushi y la comida fusión perdieron contra el tocino y los huevos revueltos.

Escándalos y peleas

La victoria se sustentó también en un sistema electoral muy singular, que lleva a que la campaña se desarrolle en apenas los 10 u 11 estados que pueden mover la brújula de cantidad de electores y en la que vale cualquier estrategia que ayude a ganar aunque sea medio punto. Durante los últimos dieciocho meses de una extenuante campaña hubo escándalos y peleas de todo tipo en el seno republicano. Trump cambió tres veces de director de campaña y se lo criticó fuertemente porque, supuestamente, no tenía un mensaje focalizado. Todo lo contrario a la disciplinada Hillary Clinton, que mirará la asunción de su hasta ayer rival por TV. Con este esquema, Trump obtuvo victorias ajustadísimas en los llamados “estados pendulares y oscilantes” (swing states), aquellos que no son naturalmente ni republicanos ni demócratas: Florida, Carolina del Norte, New Hampshire, Pennsylvania, Ohio. Las encuestas daban ganadora a Clinton por un escaso margen, pero en una elección tan reñida podía pasar cualquier cosa. Y pasó. La elección dejó en evidencia, de paso, que Estados Unidos es un país dividido: por el voto popular, los demócratas se hubieran impuesto, lo mismo que en el año 2000 ocurrió entre Al Gore y George W. Bush. En campaña, Trump peleó con todo y contra todos. Compitió contra los demócratas y contra su propio partido. Atacó por igual (sin evitar epítetos ni expresiones agraviantes) a la prensa y a los inmigrantes mexicanos, a los que calificó de violadores, drogadictos, borrachos, todo esto luego de anunciar que mandaría a construir un muro para dividir ambos países y, no conforme con esto, que se lo haría pagar a México. Pudo haber frenado ahí, pero no: se manifestó además en contra del NAFTA (Tratado de Libre Comercio de América del Norte), la principal clave de crecimiento para el país hoy gobernado por Enrique Peña Nieto. No fue raro, entonces, que al mismo tiempo que Trump festejaba en su bunker el peso mexicano se desmoronaba. Por otra parte, confió en Mike Pence la vicepresidencia: el gobernador de Indiana ha defendido e implementado una agenda típicamente conservadora, que ataca de manera sistemática los valores demócratas y liberales de ambas costas: desde el aborto y el matrimonio igualitario hasta los sindicatos docentes.

Las transformaciones

Donald Trump propuso en la efervescencia de la contienda un programa de transformaciones y rupturas que ahora debe sostener. Muchas de las promesas realizadas son difíciles de cumplir. Sus oponentes, que no son pocos, van más allá: sostienen que son imposibles. Tiene un plazo de dos años: las elecciones de medio término de 2018 permitirán evaluar si habrá efectivamente logrado satisfacer las expectativas de este peculiar electorado que lo llevó al poder, tan descontento e insatisfecho, o si él mismo será la víctima de la siguiente oleada de disconformidad. Por lo pronto, nada se sabe de cómo será el Trump presidente. ¿Seguirá en la línea controversial que caracterizó su personaje de campaña? ¿O hará un giro pragmático hacia la moderación como insinuó durante el discurso de aceptación? El delgado hilo sobre el que el flamante presidente hace equilibrio puede romperse en cualquier momento: si decide por la primera opción, tendrá problemas concretos por los contrapesos que el sistema democrático estadounidense tiene establecidos. Por ejemplo, para designar a su Gabinete necesita del apoyo del Senado lo que, aún con mayoría republicana, implicará una negociación con su propio partido, con el que tiene una relación muy mala.

Varios puntos de su agenda, como el fin de la política de salud universal de Obama (Obamacare en la jerga local), podrían terminar empantanados en la Justicia. La finalización de los tratados de libre comercio, a la vez, causarían graves conflictos, tanto en el orden doméstico como en el internacional. Si se vuelca hacia la segunda opción y gira hacia el centro deberá explicarle a su electorado, que votó el modelo confrontativo, por qué a partir de ahora deberá conformarse con la tibieza de un presidente más medido y respetuoso del orden establecido..

¿Implica esto que Estados Unidos haya sufrido un giro populista? Es muy temprano para sacar esa clase de conclusiones. La campaña fue dura y no exenta de groserías e improperios. Pero las gestiones de gobierno son otra cosa: no importa de dónde uno viene ni lo que dijo o piensa, sino el nuevo lugar que ocupa, el sillón dónde está sentado. A la vez, la globalización generó ganadores y perdedores en los distintos rincones del planeta. Estos últimos votaron por el Brexit en Gran Bretaña, apoyan en la Europa Continental a fuerzas de derecha e izquierda que cuestionan la economía moderna y la utopía de la integración. Pues bien, son sus exponentes norteamericanos los que ahora llevaron a Trump a la Casa Blanca. Así, una buena parte de la sociedad americana está convencida de que quedó a punto de recuperar el sueño americano. Otros, en cambio, no ven la hora de despertar de lo que consideran una verdadera pesadilla. Tal vez los dos estén equivocados.

 

LAS 10 RAZONES POR LAS QUE GANÓ

Superó los 270 votos electorales y triunfó en estados clave como Florida, Wisconsin, Ohio y Pensilvania.

Desde que George Bush lo hizo en el 88, ningún candidato republicano había logrado una victoria en Pensilvania.

Trump logró entusiasmar al electorado con promesas de vuelta al pasado de prosperidad que tuvo décadas atrás.

Usó un discurso nacionalista, proteccionista y de corte populista, que entusiasmó a la clase media.

Trump cargó con todo el peso de su propia campaña. Apenas tuvo con el respaldo de su familia.

Trump canalizó la furia de los estadounidenses contra Washington y supo explotar su ansiedad.

Donald Trump nunca ejerció un cargo público, por ende no se lo puede criticar por sus políticas, a diferencia de Hillary Clinton.

Trump es nuevo y peligroso, aunque no lo sea. Pero “nuevo y peligroso” puede vender cualquier cosa.

Promete “soluciones” que van a funcionar, tautológicamente, porque él va a hacer que funcionen.

Trump pudo ganar porque Estados Unidos es un país que ya está polarizado.

¿Quién es Mike Pence?  

Un ex locutor que llega a la vicepresidencia

Como ex locutor radiofónico domina la voz y las formas, pero no ha sido eso lo que ha llevado a Mike Pence hasta la vicepresidencia de Estados Unidos, sino que va de la mano del republicano Donald Trump. El tenía una mejor imagen presidencial que el propio Trump, además de la experiencia política de la que éste  carece: es el gobernador de Indiana. De 57 años, 30 de ellos casado, es abogado de formación. Experimentado político, con un vínculo profundo con el Partido Republicano, tiene posiciones conservadoras, entre ellas sobre el aborto. Anteriormente, entre 2003 y 2013, fue miembro de la Cámara de Representantes, donde trabajó por limitar el gasto público y desde donde apoyó la guerra de Irak.

Repercusiones en el mundo

EUROPA

Los partidos de extrema derecha en Europa celebraron la victoria de Trump en los comicios estadounidenses.   La francesa Marine Le Pen y el holandés Geert Wilders fueron de los primeros en felicitar al magnate republicano.     Ahora, muchos líderes de la   derecha se preguntan si el auge del magnate ultraconservador en EEUU es un preludio del relanzamiento de la derecha populista en Europa.

VENEZUELA

La cancillería venezolana felicitó a Trump y manifestó su deseo de mejorar las tensas relaciones bilaterales. “El Gobierno hace votos para que se pueda avanzar en un futuro donde impere el respeto a los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas, que consagra la igualdad soberana de los Estados y la autodeterminación de los pueblos, entre otros, mediante relaciones respetuosas”.

OTAN

La OTAN prometió defender a todos sus aliados a pesar del llamado de Trump para fijar nuevas condiciones para la ayuda de su país. Trump amenazó con abandonar a los aliados en Europa si no gastan suficiente en defensa, lo que alertó sobre todo a los países bálticos de la antigua Unión Soviética próximos a la frontera con Rusia, que temen que Moscú pueda intentar repetir la anexión de la ucraniana Crimea en 2014.

VATICANO

El secretario de Estado de la Santa Sede, cardenal Pietro Parolín, expresó el respeto del Vaticano por la voluntad popular de los EEUU expresada en las urnas, felicitó a Trump por su victoria, y aseguró “nuestra oración para que el Señor lo sostenga al servicio de su patria y lo ilumine”. “Creo que hay necesidad de trabajar todos para cambiar la situación mundial, que es una situación de graves laceraciones y conflictos”, agregó.

MÉXICO

La canciller de México, Claudia Ruiz Massieu, dijo que pagar el muro que Trump quiere levantar en la frontera común está fuera de la decisión estatal. “El Gobierno ha sido claro: pagar por un muro está fuera de nuestra visión; la de cómo EEUU y México juntos son   más competitivos y capaces de generar oportunidades”, dijo.

OPOSITORES SIRIOS

La opositora Coalición Nacional Siria saludó a Trump y manifestó su esperanza en que el presidente electo lo hará mejor en el país árabe que su predecesor Barack Obama. “Esperamos que el presidente Trump pueda demostrar que sus críticos estaban equivocados mostrando un mayor liderazgo en Siria de lo que hizo su predecesor y lleve adelante una nueva y amplia estrategia centrada en la urgente necesidad de dar pasos concretos para proteger a los civiles”, señaló.

EL DESEO DE MACRI

El presidente, Mauricio Macri, felicitó por las redes sociales al empresario Donald Trump por el triunfo, en tanto la canciller Susana Malcorra afirmó que “no podemos pensarnos insertos en el mundo sin un vínculo” con ese país. “Felicito a @realdonaldtrump en su triunfo y espero que podamos trabajar juntos por el bien de nuestros pueblos”, tuiteó el mandatario argentino.

 

Fuente: http://www.lagaceta.com.ar/nota/706941/mundo/victoria-perdedores.html
Imagen: Reuters

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