La lucha por el liderazgo de Juntos por el Cambio

08 de febrero de 2020

Los nombres de la única lista del PRO fueron acordados sin elecciones. Las diferencias con la UCR y cómo queda la coalición tras la derrota de octubre.

En la primera semana de febrero se realizaron varios encuentros entre los dirigentes de las dos principales fuerzas que componen Juntos Por el Cambio, con el claro objetivo de ordenar sus huestes, después de la derrota electoral de octubre pasado.

Así, el último miércoles el partido Propuesta Republicana (PRO) renovó sus autoridades, resultando presidenta la exministra de Seguridad, Patricia Bullrich, que sucederá al senador misionero Humberto Schiavoni. Los nombres de la única lista propuesta fueron acordados sin elecciones: la designación para ese cargo de la candidata propuesta, a mediados de noviembre, por el expresidente Mauricio Macri, ratifica que éste continúa teniendo un relativo peso dentro del partido que lo llevó a la presidencia. Por otro lado, la escoltarán, como vicepresidentes, dos dirigentes que responden al exjefe de Gabinete, Marcos Peña: el senador santafesino Federico Angelini y la cordobesa Laura Rodríguez Machado. El único ganador en octubre que conservó la Jefatura de Gobierno de la CABA y fue reelecto en primera vuelta (hecho que no registra antecedentes), Horacio Rodríguez Larreta, quedó de este modo desplazado y sólo pudo conformarse con la secretaría General, a cargo de Eduardo Macchiavelli.

Este método de elección de autoridades partidarias “por consenso y a dedo” adoptado por el PRO lo diferencia del de su principal socio en la coalición Juntos por el Cambio, la UCR, que a mediados de diciembre de 2019 reeligió por unanimidad al exgobernador mendocino y actual diputado nacional, Alfredo Cornejo, para la conducción del partido por el período 2019-2021. Lo acompaña como Secretario General, el gobernador jujeño Gerardo Morales y por primera vez una mujer como vicepresidenta, la diputada bonaerense Alejandra Lordén. El jueves pasado, la dirigencia nacional del radicalismo y la de la provincia de Buenos Aires se juntaron en Mar del Plata con legisladores e intendentes, participando además el ex vicegobernador bonaerense Daniel Salvador; el jefe del bloque de diputados provinciales de Juntos por el Cambio, Maximiliano Abad y el exsenador mendocino y pieza clave en la conformación de Cambiemos en el 2015, Ernesto Sanz. En esa ocasión, Cornejo afirmó que la provincia de Buenos Aires es “el talón de Aquiles del peronismo”; ratificó que no se debe fracturar la coalición Juntos por el Cambio, pero que «el radicalismo tiene que conducir el frente. Solo nosotros en la oposición podemos conducir». La cumbre radical se dio en un contexto de debate interno por la designación de Ricardo Alfonsín como embajador argentino en España, llegando incluso algunos sectores a proponer su expulsión del partido.

A esta diferencia en el método de elección de autoridades partidarias se suman otras tal vez más relevantes que tienen un potencial tóxico ciertamente significativo. En efecto, si bien aún existe consenso acerca de las consecuencias electorales que implicaría una eventual ruptura, no son menores las dificultades para sostener un proyecto en común por parte de los partidos que conforman Juntos por el Cambio. Se ponen de manifiesto, por ejemplo, en la incapacidad para coordinar una estrategia común en casos críticos, como proyectos de ley en el Congreso. También, hay disputas respecto de cómo seleccionar una figura única que lidere a la oposición, suponiendo que eso fuera algo necesario e incluso útil. Más aún, las recientes declaraciones de Mauricio Macri desde Cumelén, al criticar públicamente a su equipo de colaboradores, repartiendo culpas sin un mínimo esbozo de autocrítica ni asumiendo su responsabilidad en la gestión, y al anunciar que regresaría al mundo del fútbol para presidir una fundación ligada a la FIFA, no hicieron sino potenciar las desinteligencias que crecen entre las partes. El nuevo rol de Macri despertó fuertes críticas en el mundo del fútbol (algunas incluso desmedidas), sino que generó el asombro por parte del presidente Alberto Fernández y disparó reacciones negativas dentro de Juntos por el Cambio, a excepción de Vidal y Rodríguez Larreta que lo felicitaron. Las más duras fueron de parte de la cúpula del radicalismo: Cornejo lo instó a guardar un prudente silencio y Alejandra Lordén lo consideró un referente más, no el único, dentro del PRO donde, a su criterio, coexisten “otras figuras, como Horacio Rodríguez Larreta, Patricia Bullrich, María Eugenia Vidal”. Lordén rescató dentro del radicalismo, obviamente, al presidente del partido, Cornejo, a los gobernadores radicales, el jujeño Gerardo Morales, el mendocino Rodolfo Suárez, el correntino Gustavo Valdés y al diputado cordobés y jefe del Interbloque de Juntos por el Cambio, Mario Negri.

Empieza a esbozarse así la búsqueda de candidatos competitivos para las elecciones legislativas del 2021 y las ejecutivas del 2023, apareciendo con mayor fuerza la necesidad de una PASO con representantes de los tres espacios que conforman Juntos por el Cambio, vale decir, también de la Coalición Cívica, que está aún procesando el repliegue de Elisa Carrió.

Dentro del PRO, Patricia Bullrich se presenta como una de las figuras para competir por la Jefatura de Gobierno de la CABA, ante la imposibilidad de reelección tanto de Rodríguez Larreta como de Diego Santilli. Su principal competidor sería en principio el senador Martín Lousteau, pero surgen otras figuras con proyección en el distrito, como el exministro del Interior, Rogelio Frigerio.

Respecto del jefe de gobierno porteño, el mismo día en que fue desplazado del armado partidario por Macri y Peña, cerró acuerdos con varios intendentes de Buenos Aires, Corrientes y Córdoba, pertenecientes al Pro, a la UCR e incluso que responden al gobernador cordobés, Juan Schiaretti, que refuerzan sus intenciones de competir por la presidencia en 2023. Es que Rodríguez Larreta se perfila como uno de los referentes con más chances de liderar el espacio opositor y trabaja con sigilopero con decisión para lograrlo. Mantiene una actitud colaborativa con el gobierno del Frente de Todos, se reúne periódicamente con el ministro Wado de Pedro, se muestra en campañas contra el dengue con el ministro de Salud Ginés González García y fue un actor clave junto a Sergio Massa para que se apruebe sin contratiempos la Ley Guzmán o de Restauración de Sostenibilidad de la Deuda Pública Externa, y la suspensión del Consenso Fiscal. Aunque se encuentra a la espera de la definición de cuál será el porcentaje definitivo del recorte de los fondos que recibe la CABA, que anunció el gobierno de Alberto Fernández, lo más probable es que mantenga esta postura dialoguista, moderada y constructiva. Esto lo diferencia de las adoptadas por los radicales Mario Negri y Alfredo Cornejo, que pueden darse el lujo de defender planteos más principistas dado que no tienen la responsabilidad de gobernar sus respectivas provincias.

Además, Rodríguez Larreta es una de las pocas figuras de la oposición que cuenta con una creciente imagen positiva desde mayo de 2019 y según la última medición del Humor Político y Social, que realizamos mensualmente junto a D´Alessio-Irol, se ubica en el tercer puesto en el ranking, con 47% (vs 44 % de valoración negativa), detrás del ministro de Salud, González García y del presidente Alberto Fernández, con 54% y 52% respectivamente. Si bien le sigue de cerca Vidal, con 46% (vs 50% de valoración negativa), Rodríguez Larreta es el único que obtiene un balance positivo de imagen, es decir que su imagen positiva es mayora a la negativa. Respecto del expresidente Macri, su imagen positiva, luego de haberse consolidado por tres meses consecutivos en 36%, descendió a 34% en esta medición, manteniendo su imagen negativa en 60%. Estos porcentajes lo ubican por detrás de otros referentes de la oposición, entre los que se destacan Roberto Lavagna, con 44% de valoración positiva; Martín Lousteau, con 41%; Elisa Carrió, con 38%; Ernesto Sanz, con 36% y Mario Negri con 35% (datos correspondientes a la medición de enero de 2020, realizada en forma online a 1039 encuestados mayores de 18 años de todo el país).

Otro elemento para destacar es que el jefe de gobierno porteño cuenta no sólo con el 79% imagen positiva entre los electores de Juntos por el Cambio en octubre pasado sino con el 21% entre los que optaron por el Frente de Todos y un 40%, entre los que lo hicieron por otras fuerzas. Junto con Martín Lousteau, que cosecha 67% entre electores de Juntos por el Cambio, 19% entre los del Frente de Todos y 42% entre los que optaron por terceras fuerzas, se perfilan como las únicas figuras que han demostrado cierta capacidad para sortear la grieta. En tanto que Vidal continúa liderando con 92% de valoración positiva entre electores de Juntos por el Cambio y 47% entre los que optaron por terceras fuerzas, apenas consigue un 7% entre los que votaron al Frente de Todos en las generales de octubre. Por el lado de Mauricio Macri, recibe el apoyo de 77% de su electorado, el 21% del de terceras fuerzas y un exiguo 1% entre oficialistas.

Pero el desafío de Macri es mucho más profundo: en los últimos 36 años de transición a la democracia, ningún expresidente fue particularmente competitivo en materia electoral. Esto la incluye a Cristina, que perdió en la Provincia de Buenos Aires frente a Esteban Bullrich en 2017 para la elección a senador y debió resignarse el año pasado a ser candidata a la vicepresidencia. Peor aún, en toda la historia argentina ningún candidato a presidencial derrotado en una elección logró recuperase y alcanzar su objetivo más tarde. ¿Podrá Macri acaso sobreponerse dadas estas tendencias históricas tan contundentes?

Fuente: https://tn.com.ar/opinion/la-lucha-por-el-liderazgo-de-juntos-por-el-cambio_1032668

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