Cruces en el Frente de Todos: ¿choque de planetas o pelea a lo «Titanes en el Ring»?

17 de febrero de 2020

Las recientes críticas de Cristina Kirchner al FMI pueden interpretarse como una conspiración contra el albertismo o como una teatralización para sacar el foco del excelente trato con el Fondo.

A mediados de la semana pasada, arribó a Buenos Aires la misión técnica del Fondo Monetario Internacional (FMI) con el objetivo de “continuar el diálogo en curso sobre el programa económico del gobierno argentino y las perspectivas económicas para el país. También será una oportunidad para aprender más sobre la estrategia de las autoridades para abordar la situación de la deuda de Argentina”.

Encabezada por Julie Kozack, directora adjunta del Departamento del Hemisferio Occidental del organismo, y Luis Cubeddu, el nuevo jefe de la misión para la Argentina (reemplaza al italiano Roberto Cardarelli), la misión mantuvo varias reuniones con el ministro de Economía, Martín Guzmán, encargado de la renegociación de la deuda; con el ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo, que tiene a su cargo la ciclópea tarea de aliviar las urgencias desde el punto de vista social, y con el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, responsable de convencerlos acerca de la efectividad del enfoque heterodoxo que propone el gobierno para reactivar la aún endeble economía.

De los encuentros, calificados por el FMI como “muy cordiales, constructivos y colaborativos», también participó el representante del Cono Sur ante el directorio del organismo, Sergio Chodos, un hombre con larga experiencia en los organismos financieros internacionales. La visita planeada originalmente por tres días se extenderá hasta el 19 de febrero “para permitir un diálogo y un trabajo más profundo sobre estos temas”, y recolectará datos también dentro del sector privado, con bancos, empresarios y consultoras.

El gobierno nacional apuntará a cerrar un acuerdo con el FMI a principios de marzo, tratando de convencerlo de la necesidad de reformular los plazos de pago, que en palabras del presidente Alberto Fernández, “objetivamente no podemos cumplir”. Con este aval del FMI, se buscará hacer lo mismo con los acreedores privados proponiéndoles en principio una baja en la tasa de intereses y más plazo para cumplir con los compromisos (es decir, sin quita en el capital, para facilitar un acuerdo “amigable” que facilite retornar a los mercados, sobre todo para el sector privado).

Contrastando con este clima de racionalidad y moderación, el mismo día de la llegada de la misión del FMI se organizaron dos marchas en la ciudad repudiando su presencia y cuestionando la legitimidad de la deuda contraída con este organismo durante el gobierno de Mauricio Macri. Así, bajo la consigna “la deuda es con el pueblo” fue convocada por organizaciones sociales afines al FDT como la Corriente Clasista y Combativa, Libres del Sur y una facción de Barrios de Pie, la Confederación de Trabajadores del Transporte (CATT), donde hay gremios de la CGT; las dos CTA, además de sectores más radicalizados del kirchnerismo, como La Cámpora. Dejando en claro que apoyaban la política de gobierno, desembocaron frente al Congreso donde Guzmán exponía los lineamientos de la reestructuración de la deuda. Al mismo tiempo, agrupaciones de la izquierda más dura realizaban una contramarcha, concentrándose en la Plaza de Mayo bajo los lemas: “Llega la misión del FMI-Malvenidos” y «romper de una vez con el FMI, declarando la deuda como impagable y fraudulenta».

Paralelamente se produjo un contrapunto entre la vicepresidenta Cristina Fernández y el vocero del FMI, Gerry Rice, donde la primera responsabilizaba al organismo por la inmensa deuda contraída por la argentina y reclamaba una quita, argumentando que había violado su estatuto al prestarle al gobierno de Macri fondos que sirvieron para sostener la fuga de capitales. A esa polémica se sumó Máximo Kirchner: “háganse cargo de que financiaron la campaña de Macri y vayan a la cola”, sugiriendo una quita similar a la que se le haría a la deuda con los bonistas privados. La respuesta por parte de Rice fue ciertamente categórica: «puedo asegurar que no hubo violación de ninguna regla», y aprovechó para aclarar que el FMI no contempla quitas de capital los préstamos a los países.

El gran interrogante sería ¿son “pertinentes” estas declaraciones tanto de Cristina como de su hijo en medio de una reestructuración de la deuda con el Fondo? ¿Cómo se concilian estas dos posturas aparentemente contrapuestas entre el sector más duro y otro más conciliador, como el adoptado por la cúpula de gobierno en relación con el FMI? ¿La intención de Cristina es acaso boicotear el éxito que el presidente cosechó en su gira por Europa? Recordemos que Alberto Fernández consiguió el apoyo de países con un peso relevante en el directorio del FMI, como Alemania, Francia, Italia y España. También consiguió que el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, intermedie con el presidente de Estados Unidos Donald Trump y con la directora gerente del Fondo, Kristalina Georgieva, para ayudar a la Argentina en su negociación.

La primera hipótesis es más aparente o lineal: hay diferencias significativas dentro de la coalición de gobierno, por eso Cristina Fernández conspira contra el presidente; el cristinismo y el albertismo están a punto de protagonizar un choque de planetas que puede poner en juego, incluso, la sostenibilidad del Frente de Todos. Sería la explicación más convencional a esta “grieta” que tuvo diferentes capítulos: las declaraciones de Cristina en Cuba, la lucha retórica de si el FMI financió o no la fuga de capitales, Máximo diciendo que el FMI financió la campaña a Macri, las marchas en repudio ante la llegada de la misión técnica a la Argentina.

La segunda hipótesis, es una interpretación si se quiere más capciosa y sugiere que acá lo que hay en todo caso es una teatralización para sacar el foco del excelente trato con el FMI, al estilo del tero, que pone el huevo en un lado y grita en el otro. Es decir, hay una acción preventiva y coordinada para contener a los sectores más radicalizados del kirchnerismo que prefieren una puja a una negociación con el Fondo.

Pero es evidente que no existe ninguna salida a la crisis de la deuda sin una negociación con el FMI, porque los acreedores privados descreen de la Argentina en general y del gobierno en particular. Necesitan que el Fondo les proporcione un horizonte mínimamente razonable en términos de un superávit fiscal primario, algún tipo de certidumbre respecto del balance comercial y de pagos lo suficientemente amplio que garantice que la Argentina pueda cumplir con los compromisos resultantes de esta negociación. Crece así la lógica de esta segunda hipótesis de la cual se deriva otra interpretación: el gran beneficiado con esta situación es el propio Alberto Fernández porque esta división, esta pelea acordada al estilo Titanes en el Ring, le permite contener (o distraer) a los sectores más duros, a los votantes más clásicos de Cristina, mientras se sigue avanzado con la reestructuración de la deuda. Algo parecido ocurre con el ajuste en las jubilaciones en nombre de la solidaridad: se trata de medidas claramente ortodoxas, pero con “rostro humano”. Una narrativa que vuelve tolerables y hasta oportunas medidas polémicas que serían inaceptables si las implementara una coalición como Juntos por el Cambio.

Además, a pesar de considerar “pertinente” lo señalado por su vicepresidenta, Alberto refuerza la idea de que el que decide finalmente es él: «no hay doble comando en la Argentina. Yo tengo la lapicera y los cartuchos de tinta», como expresara el presidente en una entrevista radial.

Ahora bien, el hecho de que no haya diferencia de fondo entre Alberto y Cristina, y que las “rebeldías” de la expresidenta sean funcionales al objetivo de mantener unido al FDT, no implica que no existan diferencias políticas y competencias por espacios de poder entre “albertistas” y cristinistas”. Evidentemente, esas divisiones pueden ser relevantes sobre todo de cara a las elecciones de mitad de mandato, pues habrá duras pujas por cargos electivos. Pero, en principio, no deberían resultar lo suficientemente profundas como para obstaculizar el proceso de renegociación de la deuda o la gestión del gobierno.

Fuente: https://tn.com.ar/opinion/cruces-en-el-frente-de-todos-choque-de-planetas-o-pelea-lo-titanes-en-el-ring_1035041

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